Me he dado cuenta de que normalmente hablo de lo que hago, lo que voy hacer y lo que voy a dejar de hacer, normalmente el “tic” del YO-YO, Yo…esto, Yo..lo otro.
Estas líneas no son para mí y lo son a la misma vez.
Hace 3 años y medio aproximadamente nació nuestra hija Juliana, y ella fue una de las personas a las que le dedique mi titulación, ella es a lo que le llamamos un milagro, por muchas situaciones que se sucedieron para que ella pudiera estar con nosotros actualmente.
Mi niña es un regalo que llego, así sin árbol de navidad, ni día de reyes, llego sin más ni más, sin avisar a nadie, llego y dijo -de aquí soy y nadie me va quitar-.
No soy un ejemplo de papa, pero ella es un ejemplo de hija, mi hija es perfecta, no pide nada, más que todos los juguetes que ve en la televisión, los gemelitos, la muñeca que hace pipi y popo, las berbíes 3 mosqueteras, el carruaje, toda la ropa que ve en el súper, dormir abrazada de mi por las noches, que la vaya a buscar a donde este enojada por que la regañe y queso de hebra cuando no quiere desayunar.
Mi hija es la máxima expresión de lo que yo esperaba de la vida, ella me pregunto el día de ayer: Cuándo tú te casaste con mi mama, ¿yo estaba pequeñita?, como le explico que cuando ella no estaba, éramos felices, pero esa felicidad no estaba completa, como le digo que mama y papa dormían juntos pero aun sin saber de ella, ya nos hacía falta, como explicarle con palabras que ella y su mama es lo mejor que ha pasado en mi vida, como decirle que cuando ella llego a nosotros cambio mi mundo e ilumino la casa, como le digo que aunque tenga esta edad no quiero que se vaya de la cama, quiero que se quede a dormir por siempre con nosotros, que no me importa que me llene la cara de saliva cada vez que estornuda y no se tapa la boca, como le hago entender que alrededor de su mama y ella mi mundo gira y que no importa que mastique la carne y solo le quite el sabor, la saque y la ponga a un lado de la mesa.
Mi hija es perfecta, no quiero que cambien su forma de ser, así de enojona y ocurrente, así me gusta, porque cada vez que hace una travesura, mi niña crece.
Si también es cierto que habla como una guacamaya en primavera, también es cierto que cuando llego del trabajo ella toma un cinturón invisible que traigo y se aferra a mí y cada paso que doy ella lo vigila, no se despega, quizá porque no quiere dejar de verme después de todo un día fuera de casa.
No soy perfecto, ya lo he mencionado anteriormente, pero ella es el ejemplo vivo que Dios me quiere y que confía en mí para cuidar a uno de sus angelitos.
Y como dice Fito Páez y Joaquín Sabina: -Tengo una muñeca que regala besos……..
