Hoy me he dispuesto a hacer una pregunta, enrollarla en un papel, meterla en una botella y tirarla a mar de la red en espera de que alguien pueda contestarla:
¿Es tan complicado enseñar?, ¿Es difícil compartir lo que uno sabe?
Recuerdo que hace muchos años tuve la fortuna de encontrarme con 2 personajes ilustres, cito sus nombres: José Ordoñez y Luis Vargas, ellos tuvieron la paciencia y el desinterés de explicarme mucho acerca de un producto llamado Business Objects, ¿por qué lo hicieron?, yo quiero pensar hasta el día de hoy que lo hicieron por porque les gustaba compartir. A esa conclusión llegue y con ese resultado me quedo.
También recuerdo situaciones en las que se prestaba todo lo contrario, estuve trabajando en una dependencia de Gobierno, en la cual teníamos que realizar una rutina para hacer unos cálculos, la cual, ya había sido desarrollada por otra área, lo más natural que pensamos, ¿para que inventar el agua hervida?, presurosos por no atrasar las actividades, solicitamos esa rutina, claro, todo burocrático oficial, mediante Oficio. La contestación: No, porque esto lo construimos nosotros.
La esencia de todo esto es: ¿No estamos en el mismo barco?, ¿Para qué estar sacando agua mientras otros se esmeran en seguir hundiendo a la tripulación?.
La situación es muy sencilla, creo que no se comparte por el miedo a ser desplazado. Pero lo que no comprendemos es que si compartimos, aprendemos, aprendemos a comunicarnos, aprendemos más de lo que explicamos, y cuando las personas lleguen a comprender lo que escucharon, nosotros estaremos ya en otro rumbo, quizá un poco más lejos y podremos decirles – Hey, sigue el camino amarillo-.
No concibo otra forma de trabajar, si no es la de compartir habilidades y solucionar situaciones, o bien, ¿No es para eso que trabajamos?, Estamos para dar soluciones no para crear problemas.
He visto como la gente niega la ayuda laboral a otros y eso no es justo, no se vale, no dejamos huella, no dejamos legado, pasamos de un trabajo a otro como si nada, sin la clásica huella “Aquí estuvo fulanito”.
No soy teólogo ni nada por el estilo, solo se y he comprobado que cuando ayudamos a alguien, la vida nos regresa todo eso en igual o mayor proporción.
Preocupémonos por hacer escuela, por dejar algo bueno en cada persona, por marcar su camino con una enseñanza.
Recuerdo lo que mi gran amigo Marco Demonte (al que le dbo que yo desarrolle para Web) me dijo: Somos el cumulo de nuestros recuerdos.
Y yo le agregaría:Y de las personas a las que un día les facilitamos su trabajo.
Inténtenlo, no se van a arrepentir.
Felices enseñanzas
